13 abril 2009

El AutoGol (cap. II y final)


Tacones altos, brillo en los labios, sombra en los ojos, perfume en los lugares indicados. 
La noche estaba cálida, la converzación fluida y las risas fáciles. Los silencios eran cómodos y los roces electrizantes. Todo gritaba éxito en la cancha.
Fueron horas en un pequeño bar. El techo bajo, construcción de madera y la luz de las velas, hacían de este lugar un oasis en el centro de la ciudad. Perfecto.
Iba todo como había esperado... a pesar de saber que en unas horas más estaría entrando a jugar, el entretiempo me estaba pareciendo de lo más entretenido. 
Marcelo estaba encantador, el ron absolutamente sabroso, y Yellow ledbetter, de Pearl Jam, hacía de complemento ideal (¡gracias Ceci!).
Ya eran las 2.30 de la mañana. La hora decisiva entre tomarse un ron más y perder la conciencia, o retirarse a ver si mejor se pierde la cordura. Elegimos lo segundo. 
Ya en el auto, el silencio de estar solos y la falta del cautivador ambiente del pequeño bar, causó algo de distancia... "normal supongo", me dije, mal que mal, a pesar de ser amigos, pocas veces habíamos estado solos. Él también lo percibió. Y, parados en una luz roja, decidió ocuparse del problema con un beso que hizo que los autos de atrás comenzaran a tocar la bocina... ya habían dado la verde. Asunto resuelto. 
Llegamos a su casa entre risas, besos y caricias. Dos amigos jugando a ser amantes... pocas veces un juego me había parecido tan cautivador. Entramos a su pieza como pudimos. Mientras, cuatro veloces manos desvestían a voluntad.
Sonó el pitazo, el balón se puso en movimiento, y yo ya estaba en la cancha, no había vuelta atrás. Los primeros minutos auguraban una victoria aplastante.
Todo iba bien, la temperatura alta, la velocidad incitante y los movimientos rítmicos. Ya no había nada más que sacar, ni nada más que esperar, ese era el momento... 1 minuto y medio más tarde, el "momento" había terminado. 
Ninguna explicación, ningún gesto de insatisfacción. Al parecer, para Marcelo, eso es el partido... diez minutos después (en los que me quedé inmóvil tratando de entender qué había pasado) se da vuelta, me mira a los ojos, me acaricia la cara, y con una dulce voz de hombre agotado me dice:"Linda, mañana madrugo, ¿te importaría si te llamo un taxi?".
Sí... entré a la cancha, jugué y perdí... pero nada tengo que culpar al árbitro ni al equipo contrario... esta vez fue un autogol. Mmm... parece que Ceci no tenía tanta razón... aún no estoy lista para volver a las canchas.


3 comentarios:

M dijo...

"La hora decisiva entre tomarse un ron más y perder la conciencia, o retirarse a ver si mejor se pierde la cordura. Elegimos lo segundo." Qué excelente forma de expresar un momento en el que todos hemos estado alguna vez....Quedé ansiosa por saber qué otras cosas suceden en la vida de esta Mujer Soltera....como yo...como tantas....Sldos y mucha suerte!
M.

Clau. dijo...

...de casualidad me encontré con tu blog (copuchando en las historias de la Consuelo Aldunate), y después de haber dado un toursito, me siento en la "obligación" de postearte (cosa que nunca hago)... te felicito mujer... tus relatos tienen mucho dinamismo y ese "qué" que a una la sumerge en la historia (¿será que nos sentimos identificadas? Abc´s).
Mucha suerte y felicidades again.

Clau.

Esperanza dijo...

Clau, realmente me halagas con tu post, la palabra "obligación", confieso, me incentiva aún más a seguir por este sendero... y claramente, eres muy bienvenida :)

Cariños.