25 marzo 2009

Esto Recién Comienza


Hacía mucho tiempo que él ya no me hacía feliz.
Esa noche, después de meses, pesó más la inconformidad de una relación dañina, que la necesidad de estar con él, de no fracasar nuevamente. 
Se lo dije.
Entré a su departamente con la certeza de que sería la última vez. Cuando se sabe que cada momento es el último, hasta la ropa tirada en el suelo, los platos sucios en la cocina y el cenicero copado, tienen tintes de nostalgia. Y pensar que tantas veces me hicieron hervir en rabia. Entonces, me daban ganas de llorar.
Me senté en su cama. Mi vista recorrió su pieza. Fotos del primer aniversario, el peluche que le regalé cuando cumplimos un mes, su polera que ya era mi pijama favorito, las sábanas entre las que hicimos el amor por primera vez... ¿Es tanta la inconformidad?... Sí.
Se lo dije.
Creo que él ya lo sabía, pero de todas maneras se lo dije. Tenía que decirlo. Mientras las ganas de abrazarlo me carcomían y las lágrimas venían a recordarme que me dolía dejarlo, lo hice. ¡Hay Dios mío que me dolía!... pero lo hice. 
No sé cuánto tiempo habrá transcurrido... palabras, abrazos, gritos, besos. Finalmente él, ya teniendo poco que perder, me acusó de ser demasiado exigente... "no vas a encontrar lo que estás buscando porque quieres a un hombre perfecto". 
Lo miré entre sollozos y sonreí. Apagué el último cigarrillo en el cenicero copado. Tomé mis cosas y me levanté. Caminé hacia la salida de la pieza mientras él permanecía quieto, como sabiendo que cualquier movimiento desataría su calvario. Ya en el umbral de la puerta, me detuve. Miré atrás por última vez... "se ha terminado", pensé.

Hoy, ya lejos, resuenan en mí sus últimas palabras... y vivo tranquila sabiendo que no me conformé. ¡Nunca me voy a conformar! Para mediocridades que se queden otros. Yo? Yo lo quiero todo y más. ¿Qué tiene de malo aspirar a la perfección? 
Sé que lo voy a lograr... simplemente porque estoy dispuesta a esperar.
"Esto recién comienza"... pienso.